Corrían los ’90 cuando algo agitó el pasivo ambiente de la población Pedro del Río Zañartu: un antiguo barrio penquista cercado por el cerro Chepe, la línea del tren y el río Biobío. Las autoridades anunciaban que para concretar el proyecto Costanera Ribera Norte y un barrio cívico en la zona se erradicaría a cientos de vecinos del lugar. Todo fue caos y confusión.
Corina Garrido era entonces una vecina del sector, pero la noticia la inquietó a tal punto que decidió colaborar con la junta de vecinos para evitar el fin de su barrio. La enviaron a una capacitación en periodismo, a la que fue con un grupo de seis personas con la idea de crear un boletín para su población. Fue en ese taller cuando escuchó -por primera vez- hablar de las radios comunitarias y aunque al principio le pareció una meta ambiciosa tomó el desafío.
Menuda, pequeña y de voz pausada cuesta imaginar que Corina reuniera fuerzas para concretar este y otros proyectos. Menos que éstos permitirían que las expropiaciones se hicieran en forma ordenada, informada y escuchando a los vecinos.
No fue fácil. Partió repartiendo volantes fotocopiados con los que logró motivar a un grupo de doce pobladores para sumarse a la naciente radio. Partieron con equipos prestados y ocupando la sala de un colegio abandonado y desvalijado por delincuentes, por lo que cada noche se llevaban su material de trabajo para guardarlo en sus hogares. Esa rutina no duró mucho. Pronto tuvieron que cambiarse: el colegio iba a ser demolido.
¿Qué hacer? La radio no podía parar. Por eso se trasladaron a una pieza en la casa de Valeria, una de los integrantes del equipo. La bautizaron "El bunker". Aunque era incómoda (por ser más larga que ancha) en ella se vivía un ambiente de colaboración. De hecho hasta los padres de Valeria hacían las veces de secretarios de la radio, atendiendo el teléfono de su propia casa que comenzó a recibir los llamados de la comunidad.
Fue en una de sus tantas salidas al aire cuando gente del Serviu los escuchó y aprovechó ese canal creado y legitimado por el barrio para hacer un programa para combatir la incertidumbre creada por los traslados. Gracias a eso recibieron un subsidio municipal de 15 mil pesos mensuales que les permitió ir creciendo. Luego sacaron personalidad jurídica como centro cultural y postularon a algunos proyectos.
Aún con poco tiempo -trabaja como secretaria en un centro médico- Corina Garrido siempre estuvo allí. Y las hacía todas. Reporteaba, locuteaba y organizaba eventos: desde un Día del Niño para 200 menores de su población hasta el Festival de la Voz de Pedro del Río. "Pasamos por los negocios del barrio pidiendo donaciones para hacerles un cóctel y era divertido, mucha gente participaba", recuerda.
Después de dejar el bunker pasaron, por cuatro lugares hasta llegar a un amplio y cómodo espacio en el ex consultorio de Pedro del Río que comparten con otras organizaciones sociales. Tienen sus propios equipos y han mejorado su tecnología, pero ahora necesitan que más gente se una a la radio y apoyo del municipio.
Charlie, uno de los miembros fundadores sigue en el grupo y hace tres años se unió Alexis, un guardia, que ve la parte técnica. Quiere tanto a la radio como Corina y por eso se pasa directo del hospital al locutorio.
Ahora desarrollaron un proyecto para preparar niños periodistas, que Corina espera, sigan trabajando en la radio. Porque hay algo que tiene claro esta pobladora: este medio construido con sacrificio y a pulso no sólo debe ser la voz de Pedro del Río, sino parte de su patrimonio.
la nacion enero 9 2009
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